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miércoles, 20 de febrero de 2008

Adiós Vacaciones

Falta sólo una semana para que los pingüinos vuelvan a clases. Lo normal o políticamente correcto es que diga que muero de pena porque los extrañaré mientras están en clases, pero lo cierto es que el término de las vacaciones es simplemente maravilloso, porque a esta altura despiertan y aunque tienen mil panoramas la única frase que se les escucha es “mamá estoy aburrido” y por supuesto “mamá mírame, mamá mírame, mamá mírame, mamá mírame”… eso cuando no tienen ocupada la boca comiendo.

Y con la vuelta a clases vienen los gastos asociados, matrículas, compras de uniformes y útiles escolares, cada día parece que el uniforme hay que lucirlo con mas estilo, pero no nos olvidemos que los tiempos han cambiado pero nunca tanto, también lucíamos nuestras modas, zapatos pluma, jumper ajustado, mochila de mezclilla y la chasquilla parada.

Me imagino que las que tiene hijos preescolares ya están bordando con amor el nombre en el delantal, otras deben estar marcando cada uno de los lápices, y cada objeto por muy pequeño que sea, en alguna etapa apliqué talento artístico con mi heredero pero me aburrió el temita, con los años renuncié. ¿De que sirve que vayan todos los lápices marcados si los van a perder igual?

Muchas hemos dejamos todo para última hora y no porque nos guste la multitud de los últimos días, las ofertas de remate, ni menos hacer colas en los probadores, simplemente dejamos todo para el final porque esperamos el último centímetro de crecimiento.

Gastos mas, gastos menos.. problema nuestro, porque los chicos sólo esperan volver a reencontrarse con sus amigos y están ansiosos por conocer a las compañeras y compañeros nuevos… me dio nostalgia, que ganas de volver al colegio.

lunes, 26 de marzo de 2007

Tu Marido es tu Hijo mas Malcriado

Leyendo este fin de semana la edición 1276 de la Revista Mujer de La Tercera, me encontré con un articulo muy bueno, el cual quiero compartir con ustedes.
Es un artículo escrito por un hombre el cual asume su condición de mamón, pendejo, hincha pelotas y toooooodo lo que nosotras ya sabemos con respecto al sexo opuesto. Que felicidad sentí al leerlo ya que afirmaba mi teoría de que los hombres son como Peter Pan, nunca crecen!!!!




"Una de las razones por las que me niego a casarme y, por ende, a tener hijos - ¿o alguien cree que en este país se puede pensar en la opción europea de ser sólo dos para el resto de la vida?- es que no estoy dispuesto a compartir el amor de mi mujer con esos mocosos ni tengo el más mínimo interés en que ella me entregue lo que sobra de afecto después de despertar, vestir, alimentar, acompañar, ir a dejar, bañar, secar, ir a buscar y abrazar a "nuestros" hijos.
Seamos honestos: las mujeres nos aman, adoran y veneran hasta que son mamás. Desde el primer hijo en adelante uno pasa a ser un elemento secundario, una especie de accesorio, un reserva calentando fuera de la cancha. Y no lo digo yo, que claramente no soy el experto; lo dice Martín Pablos en estas mismas páginas, lo dicen mis amigos casados, lo dicen las sicólogas que escriben aquí, lo dice la ley de la vida. Claro que no es cosa de plantear el asunto así como así en cualquier parte, pues se trata de un tema políticamente incorrecto y uno queda como el más bruto de los brutos si pretende criticar el sagrado e infinito vínculo entre madre e hijo. Y no sólo como un insensible, sino también como un inmaduro, poco evolucionado y cabro chico que quiere llamar la atención.
Me imagino que deben estar pensando que en realidad no es tan así, porque ahora los hombres son más cercanos como padres, educan por igual con sus mujeres, ya no son distantes como antaño, participan, y todo el discurso cada vez más repetido. Es cierto, las cosas han cambiado, pero sólo en parte, porque la verdad es que seguimos siendo unos pendejos que, cuando nos permitimos con honestidad ser niños chicos, sólo hablamos de potos, tetas, motos, autos y fútbol. ¿O ustedes se imaginan un Club de Toby donde el tema de la noche sean los colados, los enteritos o lo importante que es hablarles a los hijos de conceptos como generosidad, amor y valores? Ninguna posibilidad, olvídense. Se los digo con años de experiencia en el arte de juntarse con los amigos casados a comer y tomar. Lo único que quieren los pobres macabeos es olvidarse por tres horas de que son papás, maridos y trabajadores.
Pero no quiero salirme de la línea argumental, porque tengo más elementos para profundizar en esto de que los hombres no dejamos nunca de ser niños. Y elementos potentes, como la investigación que se acaba de hacer en Francia y que demuestra que las mujeres que trabajan y viven con sus parejas dedican más tiempo a las tareas domésticas que las que viven solas. Y que, por el otro lado, los hombres disminuyen las horas que invierten en el aseo de la casa una vez que empiezan a vivir con sus parejas. Llevado a números, el estudio dice que una mujer que trabaja hace 15 horas de tareas domésticas a la semana cuando vive en pareja y apenas 10 horas cuando vive sola. En cambio los hombres, que hacen siete horas de labores domésticas cuando viven solos, hacen sólo cinco cuando cohabitan. ¿Flojos? ¿Caraduras? Un poco, pero sobre todo, niños que apenas volvemos a tener una mujer adulta cerca la convertimos en mamá de manera inconsciente. Una mamá a la que queremos para nosotros solos. Que nos mime, nos cuide, nos toque, nos mire y nos escuche atentamente. Que nos cocine cosas ricas, nos saque los puntos negros y los pelos de los lunares, que nos ponga protector solar en verano y nos lave el pelo cuando nos damos un baño juntos, que nos traiga el desayuno a la cama, nos haga regalitos sorpresa, que saque una aspirina de la cartera cada vez que nos duele la cabeza. ¿Sí o no? Es la pura verdad, somos el hijo más malcriado aunque lo disimulemos, aunque cueste confesarlo y aunque los que tienen descendencia lo sufran en silencio."

Por: Nick Beer
Ilustración: Iris Monge